“No mires… no mires así a nadie… te amo”

Por Lucinda 26/11/2006 Ir a los comentarios (2)


Separado de la tierra por el agua, separado de los compañeros por un movimiento de altanería, su figura se deslizaba aislada y solitaria, con el cabello flotante, allá por el mar, a través del viento, hacia la neblina infinita [...]

Thomas Mann. Fragmento de “Muerte en Venecia”, 1912.

Muerte en VeneciaAlgo tiene Venecia. Cuando estuve allí me parecía vivir dentro de un sueño irreal: nada parecia cotidiano o próximo. La ciudad de los canales, la ciudad que se hunde, la del mar verde vahído, con sus gaviotas como pinceladas blancas, con el cielo de un gris de tormenta: te atrapa y te hace olvidar el tiempo con asombrosa facilidad. Nada está donde debería y todo ha retrocedido cien años atrás desde que bajaste del avión. La decadencia come cada adoquín del suelo y cuando miras hacia el horizonte la visión parece un cuadro. Los edificios, inmortalizados para siempre en algún momento del siglo dieciséis, bullen de gente extraña. Alguien, un hombre vestido como Dorian Gray, toca un piano junto al café Florian y a ningún turista se le escapa que a los venecianos les parece un detalle de lo más normal, mientras yo agonizo como embriagada de mitomanía y fetichismo. Nadie tiene prisa. Estatuas de oro, iglesias de aire turco, patios olvidados, callejones inmundos, ventanas que encierran salones antiquísimos. Todo pasa por delante de ti. Y de pronto, se pone a nevar.

No me extraña de ningún modo que el novelista Thomas Mann sintiera el poder conmovedor de esta ciudad cuando vino a sus playas del Lido en 1911; la inspiración fue tal que un año después daba a luz su célebre novela “Muerte en Venecia”, un compendio de sus más íntimos ideales estéticos y de sus propias reflexiones sobre la decadencia y la belleza.

Tendrían que pasar casi sesenta años para que alguien se atreviera a filmar aquellas líneas. La empresa no era fácil: la historia comprometía además de un buen número de ideas provenientes de Nietzsche y Schopenhauer, a los que Männ admiraba, una relación sin palabras entre un joven adolescente llamado Tadzio y un hombre ya maduro, un escritor a más señas, Von Aschenbach, una mezcla entre Mahler, Nietszche y el propio Mann.

Visconti, el elegido, fue inteligente. A pesar de ser homosexual confeso y de que escogió a otro actor homosexual, Dirk Bogarde, para el papel principal, trató el asunto con suma delicadeza, lo justo para que nos percatemos de que los guiños homoeróticos no son más que un mero accesorio a la auténtica tragedia de la que nos hace partícipes. “Muerte en Venecia” no es exclusivamente una historia de amor ni un canto homosexual, como erróneamente se la ha considerado con frecuencia: es una historia del ocaso inevitable de la burguesía, es una historia sobre las pasiones reprimidas, la juventud perdida, la incapacidad de amar y por lo tanto de crear, el haber recapacitado cuando ya es tarde; es una historia sobre la enfermedad, la hipocresía, la fatal huída de uno mismo; sobre la inutilidad de resistirse a la tentación, sobre la terrible opresión que la belleza crea en un ser sensible; como dijo el propio Mann, Von Aschenbach reacciona así ante la plenitud insolente de la hermosura de Tadzio, porque mientras él crea belleza de forma artificial, Tadzio la posee en sí mismo de manera natural.

No se le puede negar a esta película su apabullante facultad, su poder exquisito, para crear una serie de imágenes de una ensoñación visual tan sedosa, profunda, que nos causa conmoción, que nos deja atados en la silla; no hay violencia -sí tragedia-, ni bellas damas explosivas, ni coches que saltan por los aires, pero, no sabemos porqué, no podemos levantarnos de la silla. Mahler suena de fondo y nos sentimos desarmados, pasando de la vergüenza al patetismo, del dolor a la compasión, de la opresión a la total adoración de lo que vemos, sin reservas; porque como dijo Wilde, “aquellos que ven solamente belleza en las cosas bellas, ésos son los elegidos”.

[Vía:La espiral Roja]

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Comentarios

  1. Una bellísima película,(como todo lo de Visconti), aunque hay que verla con mucha paciencia. Un poco polémica en su dia, pero muy disfrutable por siempre.
    “Quien ha contemplado la belleza con sus propios ojos, está consagrado ya a la muerte”. Saludos.

    Enviado por Pablo | 26/11/2006, 5:44 pm
  2. Coincido con lo de la paciencia. Hay que dedicarle su tiempo, pero la película te devuelve el esfuerzo premiándote con su sublime belleza.

    Besos.

    Enviado por Lucinda | 28/11/2006, 9:17 pm

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