En marzo de 2005, National Geographic publicaba un artículo sobre un cocodrilo devorador de hombres de un tamaño y peso descomunales, conocido como Gustave. Primeval (título original que hace referencia a ese pasado ancestral de los cocodrilos), es el thriller de terror que aprovecha esta historia real para situar en Burundi a tres periodistas a la caza y captura del susodicho reptil.
Así que veremos las aventuras y desventuras de Tim Freeman (Dominic Purcell), Aviva Masters (Brooke Langton) y Steven Johnson (Orlando Jones), que seguirán al experto en cocodrilos Matthew Collins (Gideon Emery) y al guía Jacob Krieg (Jürgen Prochnow) por Burundi para acabar con la amenaza que representa Gustave, que también es el apodo del líder de una de las facciones en la guerra civil entre hutus y tutsis que asola el país.
Suele pasar que la estrella de la función en este tipo de productos es el monstruo de turno, si bien este no es exactamente el caso. Más bien, la historia de Gustave funciona como hilo conductor de la trama, y los protagonistas se enfrentan no sólo al temible bolso con patas, sino al genocidio africano, por lo que la acción va pegando bandazos entre los ataques del cocodrilo, y los peligros de la lucha armada.
Otro de los motivos por los que Gustave no luzca tanto como se podría pensar debe ser cosa de los efectos. Y es que, si bien en las escenas nocturnas (muy abundantes, la verdad), el cocodrilo está bastante conseguido, en las pocas veces que aparece con claridad para distinguirlo, a veces deja un tanto que desear, y no porque no esté conseguido el animalito, sino porque parece bastante mal insertado en los fondos.
Eso sí, la dosis de violencia, desmembramientos y reventones de gente, es alta, y se muestra con bastante lujo de detalles, así que los amantes del rojo fluido saldrán bastante satisfechos, e incluso puede que las primeras filas hayan de ir a la tintorería tras ver la peli.
A nivel actoral es difícil que alguno de los participantes gane un premio, bien porque su escaso papel se lo impide, bien porque su capacidad interpretativa roza la de un grifo (como es el caso de Dominic Purcell o Brooke Langton, aunque se supone que con su atractivo físico debería bastarles), o bien porque los guionistas se han esmerado en proporcionarles diálogos realmente delirantes. Es de justicia destacar a Orlando Jones, que consigue que odiemos a su personaje desde el primer segundo que aparece en pantalla, logro al alcance sólo de ciertos privilegiados, y que hace desear que el cocodrilo siga con hambre todo el metraje.
En fin, una peli entretenida, pero sin mucho a lo que hincarle el diente. Ni aunque uno sea reptil.
Valoración: regular.
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