Diecinueve años han pasado desde aquella última cruzada, pero el bueno de Indy no parece notar el peso del tiempo. A pesar de su encanecido cabello, Henry Jones Jr. sigue dándole dolores de cabeza a los malvados que se interpongan en su camino, ya sean los nazis de antaño o los soviéticos de esta nueva entrega. Si no quieren saber nada más, párense aquí y quédense con la recomendación: vayan a verla, porque de verdad merece la pena. Hecha la aclaración, podemos seguir adelante.
En esta ocasión, Indiana Jones (Harrison Ford) une su camino al del joven e impetuoso Mutt Williams (Shia LaBeouf), que busca al profesor Oxley (John Hurt). Éste ha sido capturado por el ejército soviético, al mando de la implacable Irina Spalko (Cate Blanchett), mano derecha de Stalin. Para rescatarle tendrán que ir hasta Perú, donde deberán desentrañar el misterio de las calaveras de cristal.
En un ejercicio interesante de coherencia, la acción se sitúa también diecinueve años después de la tercera parte, así que nos encontramos en 1957 (con lo cual no cuadra mucho la referencia a Stalin, muerto en el 53), y el enemigo ha cambiado. De la cruz gamada nazi a la hoz y el martillo comunista, aunque lo que no cambia son los peculiares acentos de los enemigos.
Spielberg vuelve de nuevo a incidir en dos de sus grandes obsesiones cinematográficas: una es la familia, claro; la otra me la reservo para los que quieran llegar a la sala sin más pistas de las necesarias, aunque a estas alturas no debería sorprender a nadie. Y sin llegar a ser ninguna de las dos el eje principal de la trama, sí que se intrincan con facilidad entre los tiros y las persecuciones habituales.
Dichas persecuciones son un continuo “más difícil todavía”, en el que cada detalle está asombrosamente planificado y rodado con la maestría habitual del genio de Cincinnati, que algo sabe de esto. Desde el plano en el que vemos parte de la acción reflejada en un espejo retrovisor mediante inteligentes desplazamientos de la cámara (recuerden Munich), hasta los guiños referenciando a las otras aventuras del arqueólogo. Incluso la fotografía tiene el aspecto desgastado y polvoriento común a la saga, señal del mimo que se ha puesto en cuidar cada detalle.
¿Cómo se maneja la irrupción de un “intruso” como LaBeouf en la saga? Pues de manera modélica, ciertamente. Siguiendo la máxima de que “por sus actos les conoceréis”, los personajes se presentan de la mejor forma posible: actuando, lo que les confiere suficiente peso y personalidad como para resultar creíbles, y todos disfrutarán de su minuto de gloria en pantalla.
Tampoco hay demasiada queja de los FX: es cierto que hay pantalla azul, y es cierto también que hay momentos en los que pueden “cantar” un poco, como en la aparición de ciertos animales. Pero no es menos cierto que hay secuencias que serían impensables de rodar sin la decisiva contribución de los ordenadores de la ILM, y el grado de espectacularidad de algunos momentos realmente lo merece.
Hilando fino, fino, uno puede preguntarse si era necesario contratar a John Hurt para el papel de Oxley, o si acaso el personaje de la Blanchett no es hasta cierto punto paródico (y no sólo por un peinado que ya le gustaría a Bardem), pero resulta difícil sustraerse al ritmo frenético de la acción, que sólo se detiene el tiempo justo para que el espectador recupere el resuello, y a la sensación de volver a ver cine de aventuras en su expresión más pura, donde todos los elementos están concebidos para el asombro y disfrute de aquel que se mete en el cine, y durante dos horas, vuelve a sentirse como un niño cuya mayor ilusión sería hacerse arqueólogo. Pero como Indy, claro.
Dos horas de vibrante diversión de la mano del imbatible tándem Spielberg-Lucas. Dos horas con una sonrisa en la cara que se prolongará hasta bastante después de salir de la sala. Dos horas para recordar qué es divertirse en el cine y salir tarareando la inolvidable partitura de John Williams. Lejos de mí queda averiguar en qué lugar situar esta cuarta parte que nada tiene que envidiar a las demás, pero en el fondo, carece de importancia.
Valoración: excelente.
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