Tideland

Por Tamu 2/06/2008 Ir a los comentarios


TidelandCon lo saturada que anda la agenda del cine últimamente entre festivales, estrenos y la MARVEL, que no nos da un respiro, no hemos vuelto a hacer hincapié en el Ciclo Palladium: vamos a hacer una parada y recordar el ciclo de cine independiente del que se puede seguir disfrutando en los cines Yelmo de Oviedo. Y en los que cada viernes se estrena una película que será proyectada durante toda la semana. Abrimos el ciclo con Idiocracia de Mike Judge y lo retomamos con Tideland de Terry
Gilliam, sobradamente conocido y que no necesita presentación pero por si los despistados…director de todas las películas de los Monthy Phyton, 12 Monos, Miedo y Asco en Las Vegas,… Aunque se trata de proyectos de naturaleza muy dispar, todos tienen algo en común y es que todas ellas transportan al espectador a otro mundo normalmente caracterizado por lo extraño; lo surrealista; lo a simple vista banal; y lo no tan evidente, desgarrador.

Tideland es fruto de la adaptación de la novela homónima de Mitch Cullin que se apoya en la ficción para contarnos la más cruenta de las historias sin caer en el tan recurrido sentimentalismo del que hacen gala tantas películas sobretodo ante la proximidad de los Oscar, Globos de Oro,… me seguís? No en vano, la película fue premiada en 2005 en el Festival de Cine de San Sebastián con el premio FIPRESCI.

Descrita por Gilliam como «el punto de encuentro entre Alicia en el País de las Maravillas y Psicosis», Tideland es la proyección del mundo imaginario que se crea Jeliza-Rose (Jodelle Ferland), ante la situación que le rodea: su madre es drogadicta y muere, su padre (Jeff Bridges, ¿quién sino?) que también es drogadicto no resuelve esta situación (ni ninguna) de manera muy lógica y huyen a una destartalada y siniestra casa en medio de la nada. La niña se evade de este cúmulo de desgraciadas circunstancias adentrándose en lo más profundo de su imaginación y narrando la historia a través de sus ojos. Más allá de lo que de cuento de hadas pueda tener esta película, que sin duda es un claro homenaje a la imaginación infantil, el terror está latente a lo largo de la trama, personificado en los diferentes personajes que se van cruzando por el camino de la niña.

A pesar de la fortaleza del guión, Gilliam ha sabido destacar por encima de éste el lenguaje de la imagen a través de un agradecido derroche de efectos visuales de los que hace gala a lo largo de toda la película. Los colores, como exaltadores de los sentimientos y como potenciadores de la presencia e intenciones de los personajes juegan un papel muy importante. Los movimientos pendulares de cámara transmiten la sensación de delirio, sensación que tiene sus precedentes en la antes citada ‘Alicia en el País de las Maravillas’. De la misma manera el tratamiento de la luz es excelente y fruto de un laborioso trabajo de la mano de Nicola Pecorini.

Recomiendo que invirtáis 122 minutos de vuestro valioso tiempo en ver la película. Por cierto, detallazo del los Cines Yelmo lanzarla en VOSE (versión original subtitulada en español).

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