Tras la (creo que, y de todas formas da igual) tercera parte de la taquillerísima Piratas del Caribe, ya empezaba a dar por perdido el género de aventura en el cine que se remite a un puñado de películas superadas por cualquiera de las entregas de la saga de Indiana Jones. Como es el caso de este ¿último? episodio, que no iba dejar lugar alguno a la indiferencia, al menos no después de haberlo convertido en uno de los estrenos más sonados del año. Y no en vano, pues os recomiendo encarecidamente que veáis la película que califico de excelente: no es para menos, porque si Lucas y Spielberg no son capaces de hacer un bombazo de esto con su andadura en el cine y su más que millonario presupuesto, apaga y vámonos. Emoción en estado puro para fans y no tan fans conocedores del ‘humor’ en momentos de tensión que caracteriza el cine de Spielberg y un ‘peligro’ del que siempre sale airoso Indy acompañado de la mítica pieza musical: el leitmotiv que introduce al personaje (o la acción en el caso de Indiana Jones cuando las cosas se tornan emocionantes) además de ser uno de los sellos distintivos de los dos cineastas si nos remitimos a la famosa marcha imperial en Star Wars cada vez que aparece Darth Vader, la ‘musiquilla’ de Tiburón (inolvidable), el mensaje musical de Encuentros en la Tercera Fase…que a propósito de esta última, encontrareis claras reminiscencias (ahí lo dejo). De lo que sí me trajo recuerdos fue de ‘Los Goonies’ con todas esas trampas mecánicas que se activan con acertijos, con el fin último de conseguir un tesoro, solo que a estos no los iban persiguiendo stalinistas.
Lo mejor: despertar de nuevo a ‘el arqueólogo’ después de 19 años y no fracasar en el intento.
Lo peor: ese final…
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